Mi vida personal, por mí mismo.
Nací a los diecinueve días del mes de diciembre del año 1956, en la ciudad de Cienfuegos. Según me ha contado mi madre Amparo Valladares y Gómez, llegué a este mundo de día. Su marido, mi padre, era Ángel Cáceres y Suarez, de quien hablaré más adelante.
Apenas tenía dos años, me llevaron para la casa de una tía abuela para que me cuidara. Ella se nombraba Amanda Cáceres y Medinillas. Vivía en una humilde casa construida por su hermano Raúl Cáceres y Medinillas, mi abuelo paterno. Mi tía Amanda se había dedicado a criar sobrinos, nunca llegó a tener hijos. Mi madre Amparo aumentaba la prole y en esos primeros dos años me enfermaba con frecuencia, le resultaba difícil atenderme.
Vivi entonces el resto de mis días alejados del núcleo familiar. Junto a mi tía Amanda tuve la atención de otro tío, Froilán Cáceres y Suarez, hermano de mi padre, quien ya vivía con ella. Froilán también se apoderó de mi crianza con el contubernio de Amanda.
Entre ambos tíos comenzó mi formación humanística. Para entonces, ya tenía dos padres y dos madres, algo de seguro chocante e incomprensible, supongo, difícil de entender en esos primeros años de mi vida.
Mi padre Ángel era analfabeto funcional, en su juventud había pertenecido a la antigua policía batistiana y luego de la sublevación popular ocurrida el 5 de septiembre de 1957 en Cienfuegos (donde casi pierde la vida) abandonó tan duro oficio para dedicarse a la albañilería y a la atención de sus 5 hijos.
Crecí en una casa que no era la de mis padres, un humilde hogar con techo de tejas francesas colocadas a saltos de rata. Recuerdo tenía una pequeña salita con dos sillones de mimbre, una vitrina llena de pequeñas imitaciones de porcelanas, copas de cristal y un radio de teclas, dos cuartos, una cocina muy rústica donde recuerdo mi tía Amanda cocinando con carbón vegetal, tanto las comidas como el café que colaba todos los días para mi desayuno con un colador de tela .
Yo dormía en una antigua cama de hierro fundido, forrado siempre, a la hora de acostarme, en un impecable mosquitero blanco, ese gran invento de los egipcios que me protegía de las terribles picadas de mosquitos y me proporcionaba una extraña sensación de placer .
En este ambiente, lleno de revistas, algunos libros y comics que mi tío coleccionaba y leía, fue que descubrí el dibujo. Ya en la escuela primaria comencé a participar en diferentes círculos de artes plásticas, siendo mi primera instructora Esperanza Sánchez, quien me facilitó las primeras herramientas para pintar, en un espacio docente, mezclándose con el ambiente familiar donde mi tío tocaba la guitarra, se leía bastante y existía una mediana preparación cultural.
Comenzaba justo aquí, en esa etapa, mi fama juvenil. Pues los maestros de geografía (sobre todo) me buscaban para que les pintara mapas de Cuba y del Mundo sobre grandes pliegos de papel, así como carteles, gráficos escolares, etc.
Ya estando en sexto grado, mi tío Froilán trae un dibujante profesional de planos para que me diera clases de arquitectura o perspectiva artística. El americano, como lo llamaban, venia hasta la casita de mis tíos todas las tardes, con papel y lápiz. Sobre una improvisada mesa de dibujo me mostraba cómo se hacía un plano y como se levantaban, con reglas especiales, triangulares y de forma de T aquellas lujosas casas.
De pronto, un gran golpe me estremeció. Este fue el comienzo de una etapa muy dura en mi vida. Mi tío Froilán, de un golpe abandona su casa, su familia, todo, para marcharse definitivamente de Cuba hacia los Estados Unidos. Tenía 14 años y estuve dos días llorando su partida. Más nunca lo volví a ver. Me había dejado solo unas revistas de comics, su vieja bicicleta Phillips y el corazón destrozado.
Comencé entonces a visitar a mis padres y hermanos, sobre todo en las tardes. Recuerdo fuerte temporales de lluvias y duros inviernos. En ocasiones nos cubríamos con sacos de yute de azúcar, no teníamos colchas. Unas cuantas veces fui a la escuela con mis zapatos rotos y las medias con grandes huecos en los calcañales. Aquí comienzo a padecer de fuertes dolores de oído y de muelas. Comenzaba a perder mi dentadura.
Fue entonces que me seleccionaron para pasar un curso emergente de Instructor de Artes fuera de la ciudad de Cienfuegos. Por primera vez abandoné a mi tía y me fui a un campamento rustico durante un mes. Alli trabajamos por las mañanas en labores agrícolas y por las tardes, después del almuerzo, recibíamos las clases de artes plásticas y lecciones de historia del arte. Este breve curso de instructor de arte fue el impulso que me abrió el camino, muy largo, hacia el Arte con mayúsculas.
En el año 1973, Inocencio Iznaga, un vecino de mis padres, me había hablado de una posible captación para la Escuela Provincial de Arte, que estaba en la ciudad de Santa Clara. Solo tenía que entregarle unos dibujos, él se encargaría del resto. Y aprobé, comenzando en septiembre de ese año mi estudio en la Escuela de Artes Plásticas Leopoldo Romañach, prestigiosa institución fundada antes del triunfo de la Revolución de 1959 en la antigua provincia de Las Villas.
De allí en adelante, transcurrió mi vida como artista y como docente que se refleja en mi curriculum vitae que se detalla por separado. Para terminar aquí esta historia personal, debo contar que me he casado dos veces y tengo tres hijas Diana, Dianne y Dianela, ninguna de ellas tuvo la suerte de estudiar artes. Mi esposa, Lidia Maria es quien me da apoyo y dirige nuestra casa mientras yo sueño con mis grabados y pasteles.
Mi carrera de artista, por mí mismo.
En el año 1975, me incorporé a la Escuela Nacional de Arte, E.N.A., en La Habana graduándome en la especialidad de Grabado en 1980. Alli desempeñé diferentes responsabilidades como alumno, fue una gran experiencia y me facilitó los conocimientos necesarios para mi posterior desarrollo como artista. Tuve de maestros a artistas como Antonio Vidal, Tomas Sánchez, Nelson Domínguez, Raymundo Orozco, y Luis Miguel Valdés, entre otros.
Ya graduado, realicé mi servicio social por tres años en la Escuela Elemental de Artes Plásticas Rolando Escardó, de Cienfuegos, impartiendo clases de grabado, ocupando altas responsabilidades docentes como Jefe de Cátedra. Desarrollé entonces una intensa labor creativa, mi preferida era entonces el Dibujo, no existían las herramientas para trabajar en linóleo, ni la madera y mucho menos el metal.
Ocupé en este tiempo la presidencia de la Filial de artes plásticas de la Brigada Hermanos Saiz y en 1985 obtuve como premio un viaje a la antigua U.R S.S., inolvidable experiencia que me facilitó conocer una cultura que tenía ya en nuestro país una fuerte influencia en el campo de la enseñanza artística. En 1991 fui elegido Presidente del Consejo Provincial de Las Artes Plásticas, cargo que desempeñé por más de dos años.
En esos años se creó la U.N.E.A.C. de Cienfuegos, organización ONG que agrupa a la vanguardia artística y literaria en todo el país.. Fui elegido Vicepresidente Primero y Presidente de la filial de Artes Plásticas.
Fundé los Talleres de Creación Mateo Torriente, la actual Sociedad Grafica de Cienfuegos, proyecto que actualmente dirijo como Especialista Principal del Consejo Provincial de las Artes Plásticas, C.P.A.P.
En el año 2000 realicé un segundo viaje al exterior, esta vez invitado a la Argentina, exponiendo en el Centro Cultural Recoleta (Buenos Aires) una colección de pinturas con la técnica del pastel sobre papel. En simultáneo, estaba ocurriendo la exhibición de galerías Arte BA. Entré así en contacto con galerías de artistas y la cultura argentina que me facilitó energías infinitas para mi posterior desarrollo profesional.
Tuve varias etapas de trabajo creativo, una de dibujo, otra de pintura al pastel semigraso y más experimentación, utilizando diferentes soportes como cajas de embalaje y nylon, por último, el grabado, en todas sus técnicas. Siempre mi trabajo se ha nutrido de mi realidad, he querido, de alguna manera testimonial con tropos visuales, mi mundo, mutante y rico, no disfrazar lo vivencial, sino llevarlo a un testimonio visual utilizando las posibilidades expresivas de cada una de las técnicas incluso con elementos más contemporáneos.
Desde 2007 a la fecha expuse fuera de Cuba en países como Ecuador, Colombia, Brasil, México, Estados Unidos, Canadá, Bélgica y España, entre otros, e importantes coleccionistas comienzan a adquirir mis trabajos en un contexto de transformaciones constantes donde se abren nuevas posibilidades para hacerlo. En Ecuador, Colombia y Brasil impartí clases de Grabado en universidades e Instituciones de esos países, experiencia que en Cuba realicé en Escuelas de Artes y centros culturales.
Participé en más de 200 muestras colectivas y he realizado más de 20 exposiciones personales, unas de dibujos, otras de pinturas y las más de grabados.
Difícil han sido todos estos años de labor creativa. Quedan muchas historias por contar. Creo que no he logrado esa plena realización, pero pienso que me queda tiempo, aun para volverlo a intentar.
Rafael Ángel Cáceres Valladares, Cienfuegos, Agosto de 2016.